Pocas veces me han regalado flores. Aún menos, rosas. Pero las pocas veces que se dio, rara vez llegó a buen puerto la cosa. Soy un poco excesiva con la imaginación quizás (bueno, tengo derecho, soy escritora) pero no puedo evitar ver a las flores cortadas como pedacitos muertos. Me dan la misma mala impresión que si me regalaran una pierna o un brazo. Quiero decir, es un pedazo cortado y que aunque no parezca ¡está muerto! Por más que lo pongas en agua... lentamente se echará a perder... read more