Hay personas a las que parece sorprender, e incluso molestar, que mis gustos e intereses se hayan quedado anclados en la pubertad, por no decir en la infancia. Pongámonos precisos: soy un prepúber mental. Ni Garcías Márqueces, ni Sartres, ni Camuses lograrán entusiasmarme tanto como las novelas pulp llenas de aventuras, lugares olvidados, criaturas preternaturales y/o prehistóricas y mujeres sicalípticas. Creo que a Harryhausen deberían darle un Premio Nobel, llenaría mi casa de clics de Famobil... read more